Me postro en la roca fría y plana que se ha vuelto mi cama, con el cuerpo desnudo y en posiciones abstractas casi impensables, casi inconcebibles.
Respiro profundo cerrando los ojos, se desprenden los tendones y se abren mis costillas revelando aquellas inhumanas escarificaciones.
El viento, impulsado casi por las divinas fauces de Eolo, sopla frío, me hace llorar, me hace aliviar y parece secar tanto dolor.
Respiro profundo. Cierro los Ojos.
Llegan luego las musas del tiempo con apariencia de inocentes sílfides, una con un saco que dobla en tamaño y peso sus proporciones pero que lo lleva como si fueran flores, espolvorea sobre mi mágicos extractos.
Mientras las otras, una cargada con hilo blanco y la siguiente con una aguja de tamaño improbable, se disponen a cerrar mis heridas airadas.
Y una última se acerca a mi oído, diciendo; “Solo mira hacia adelante”. Cuando giro mi cabeza para verla, remonto a los recuerdos y brotan largos chorros de sangre, mis costillas se contraen y se descuartizan, las sílfides huyen, huyen despavoridas manchadas como mi cara, mi rostro y mi alma.
Entonces miro hacia adelante.
Respiro, Cierro los ojos. Y Cae la lágrima.
Demetra Imbers
Kelly Y.O.R















